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3 mar 2011

Enfermera. Cuerpos del Estado I

Todo el mundo creía que yo estaba destinada a ser enfermera.

El Consejo de Orientación Escolar dictamino cuando acabé en el insti que yo debía de proseguir mis estudios con la enfermería.

En mi familia, por el simple hecho de operar a personas y animales extirpando  todo tipo de cosas, que los que vivimos en el campo nos metemos en el cuerpo solo porque sí, que no somos de Bilbao pero casi: espinas,  piedrecitas, astillas, y lo demás granos, forúnculos etc... y entablillar a mis perros tan propensos a los accidentes como la dueña y echar jarros de manzanilla a los gatos tuertos que recuperaba del contenedor de la basura donde desalmados seres-no-humanos varios los dejaban abandonados, preferentemente, con un ojo colgado. Tenía que encerrarlos debajo de una cesta y luego pillarlos desprevenidos para arrojarles  la manzanilla a ojo sangrante y a la tajada que tenían en toda la cara... (Profesional que soy para todo.)
Nadie parecía agradecer mis desvelos. Las personas y creo que también los animales me huían en cuanto me veían con las pinzas y las agujitas...

Ni que decir tiene que mi camino profesional me llevo a otros puertos. Y aunque  siempre disfruté con estas prácticas enfermeriles y quirurgicas,  nunca  pensé que esto pudiese traerme ningún beneficio ni ser una profesión o un trabajo que fuese salvarme de nada.
Volvía yo uno de estos días de una cena-informal de alto nivel (con pachanga incluida y bailecito) en mi coche tan tranquila, a esas horas de la noche en las que no se sabe si uno llega tarde o llega temprano y en un grado de achispamiento indefinido y digo bien indefinido... cuando me topo con dos cuerpos del estado... realizando pruebas psicológicas a ciudadanos de bien admiradores del Rioja y del Gyn-tonic.  
"Diosssss!", pensé. Dispuesta a realizar mi estratagema habitual de rubia, tonta y con un botón desabrochado por "casualidad" cuando reparé en que el vestidito que llevaba no tenía botones y que yo ya no estoy para estas tropelías ... Reflexiono, muy rápido, mientras se acerca un mozalbete con él que ni la rubia más mona tendría ningún éxito. Los Cuerpos del Estado son un poco asexuales últimamente... 


-"¿Ha bebido usted?" - me pregunta.


- "Buena estoy para beber. Vengo del turno de noche... y vaya noche por Dios! toda la noche pegada al tensiometro con una paciente operada de la vesícula..."


Me felicito a mi misma porque finalmente parece que la carrera de enfermería que no he hecho me va a servir para algo productivo... Evitar que mi achispamiento indefinido se convierta en achispamiento definido y medido por el alcohol-test. 
El mozalbete que juzga que mis ojos emborronados son producto seguramente de llorar acompañando a pacientes en su dolor...Me mira fijamente y me dice:


- "Váyase a casa y, por favor, no beba más"

20 feb 2011

El primer trago... y el segundo.

El agua a todas horas.
El zumo de pomelo por la mañana para los semáforos junto con una manzana pillados en la cocina corriendo que no llego.
El café solo, largo, fuerte, con azúcar y con aroma en la cafetería de la oficina con los colegas y una broma rápida.
El té rojo mi preferido junto con el de canela y el verde para las terrazas si estoy sola o con buena compañía, mucho tiempo y muchas cosas que contar o que escuchar. El té en taza alta para calentar las manos y el cuerpo y en verano helado.
El champán francés con las perlas y un vestido negro y unos zapatos de salón para achispar y reír en las grandes ocasiones.
El gyn-tonic para bailar en la noche. 
El Rioja y el Ribera para la cama, el sofá o la alfombra para hacer un te quiero.
Una Coronita, para la playa y el verano. La cerveza no me gusta pero pocos placeres hay tan primarios como en un rincón apartado de la playa mientras el sol te quema la nuca, levantar la cabeza, alargar una mano y atrapar en la nevera portátil una coronita casi helada y con la otra buscar el abre-botellas y exponer la cara al sol que te ciega apoyando el borde la botella en tu boca y ese primer trago que saboreas, te limpia, te enfría y te refresca la garganta y el cuerpo entero, el primer trago para mí y el segundo para compartir con mi chico que casi dormita a mi lado: un beso de cerveza.
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